Otros tiempos

Puna

Domingo Martínez Castilla

La puna estaba llena de verde
o amarillo seco,
abierta a quien quisiera posarse en ella
bosque de rocas
y azul y gritos de cernícalo
y espantos de perdices aprendiendo lo que es doble tracción.

Hay que pasar horas de paciencia
silencio
y ocultarse
bosque de piedras
lajas
resbaladizas hasta para el caballo de la pampa
para ver al venado, la taruca o la vicuña.

La puna está llena de sabe dios qué
en estos años diferentes. Sé que no hay más
doble tracción
y las perdices aprendieron algo por las puras.

Ni siquiera hay soldados porque no hay gente.

Triste es que no hay nadie que me cuente
de la puna. No más Chinchaycocha, o Palcán,
ni Macusani, o Choclococha, y menos, casi nada queda
de Pichicancha, Ayas, y las vicuñas, asustadas,
cerca a las ruinas de los gentiles.

No más vóley a cinco mil metros de altura.

No más abrazarse con el frío, ni chofer empapado en lluvia congelada,
ni sopa de carnero ni caldo de cabeza.

No más trébol y ray grass.

No más besos, trepados en el cerro,
imaginando ruinas y anfiteatros
y descubriendo cómo seca el sol andino.

No. Ya no queda ni el frío de las tardes.

Se lo llevó esa musa, Egeria.


Copyright © Domingo Martínez-Castilla, 1991.