Óscar Ugarteche

Nació en Lima, Perú, el 14 de julio de 1949. De familia arequipeña, se mudó allí a la tierna edad de seis años y permaneció en Arequipa hasta prácticamente los nueve. Luego pasó todas las vacaciones de verano y de medio año allá en casa de unos amigos tan eternos como fundamentales. Terminó la secundaria en el Colegio de los Padres Carmelitas en Lima en 1966 y entró a la Universidad Católica, a Letras, de donde salió raudo dos años más tarde huyendo de estas hacia los números en la Universidad de Fordham en Nueva York. Díjole a su madre, «yo no sirvo para las letras». Allí sacó su B.S. en Finanzas pero, al lado, estudió ciencias políticas bajo la batuta de Elsa Chaney. Al final, por un curso no tuvo un double major. La pereza impidió un semestre más para terminar ciencias políticas. La formación jesuita y la época, Nueva York 1969 a 1973, son la base sobre la que va a Londres al London Business School donde estudió su Maestría en Finanzas Internacionales. Por estar disconforme con la visión del mundo que se dictaba, fue donde Rosemary Thorp pidiendo ayuda en St. Antony´s College, Oxford. Allí siguió de manera paralela a su maestría de dos años, el seminario latinoamericano de desarrollo. También allí presentó su tesis de maestría de Londres.

Regresó al Perú por razones desconocidas, pero más que probablemente porque estaba convencido que sería más útil en su propio país que en un organismo internacional o un banco internacional. Así, el 28 de julio de 1975 embarcó en el SS Donizetti y navegó los mares del Atlántico y del Caribe para retornar al Perú, en el Pacífico. Lo único así llamado fue el océano y en una tromba inició su carrera impensada de investigador en el Instituto Nacional de Planificación a inicios de 1976 donde hizo un primer estudio sobre banca transnacional y créditos al Perú. Descubrió entonces que los números, sin letras, no son nada. Visto como un estudio excéntrico, es decir, fuera de eje, no tuvo gravitación hasta que en diciembre de 1976 los problemas de balanza de pagos aquejaron al país y el estudio agarró fuerza y fue leído dentro y fuera del mismo.

Comenzó como consultor de Naciones Unidas en 1978 haciendo un trabajo sobre deuda para CEPAL con Robert Devlin y, luego, yendo a Caracas a la oficina del Ministro de Trabajo con la OIT. Venezuela en ese entonces sufría de exceso de recursos, como recordamos. Fue parte del grupo impulsor de Actualidad Económica con Hugo Cabieses, Manuel Cabieses Barrera —«Cochicho»— y Fernando Otero Hart; colaborador de la revista Marka en su sección económica y columnista del Diario de Marka en su primera etapa, el investigador se tornó periodista por la necesidad de afirmar sus compromisos con el pueblo. Era su creencia y permanece siéndolo que sólo el pueblo cambia sus destinos y que, en el Perú, los destinos son malos puertos, hasta ahora.

A inicios de 1979 entró al Instituto de Estudios Peruanos y formó el grupo de economía reclutando a Efraín Gonzales de Olarte y a Teobaldo Pinzás para lanzar una línea de trabajo de amplio espectro. Comenzó a escribir un libro de deuda peruana y a publicar artículos académicos. A mediados de 1979, Xabier Gorostiaga se hizo presente en su vida llamándolo para ver el problema de la deuda de Nicaragua en su incipiente revolución. Allí fue acompañado de Hugo Cabieses y permaneció seis meses para luego regresar a Lima al IEP. Terminó su primer libro Teoría y práctica de la Deuda externa en el Perú y, a inicios de 1981, se fue a trabajar a Nueva York como representante del Banco Central de Nicaragua. Al finalizar su relación contractual con el Banco Central de Nicaragua trabajó con el Banco Central de Bolivia en el gobierno de Don Hernán Siles. Corta pero intensa fue la colaboración en las negociaciones de la deuda que derivaron en su moratoria en 1984. Esto permitió ver un ángulo de las negociaciones que no se pudo apreciar en las de Nicaragua donde habían instrumentos concretos de contrapeso negociador. Al finalizar el trabajo con Bolivia regresó de Nueva York a Lima en 1984, reingresando al Instituto de Estudios Peruanos para efectuar el estudio comparado de la deuda y los procesos de tomas de decisiones en Perú y Bolivia 1968-1984.

En el medio, en 1982, alimentado por conversaciones en Lima con Roberto Miró Quesada, participó en la fundación del Movimiento Homosexual de Lima, generando algunas reacciones peculiares en algunos dilectos miembros de la comunidad académica y política del país, que fueron superadas con el tiempo. Las reacciones dieron pie a preguntas internas sobre la conformación de los prejuicios. A inicios de 1986 partió a Ginebra a trabajar con UNCTAD sobre deuda y fue visiting fellow en St. Antony´s College, Oxford. John, el barman, lo recibió con mucha alegría y le preguntó «The usual?». Jerez amontillado. Parece que eso bebía cuando estudiante. Nancy, la recepcionista, lo recibió también con alegría y naturalmente los colegas y amigos. Fue un hermoso periodo que dio pie a un texto llamado La hegemonía en crisis, publicado en Lima en 1990.

Años de trabajo en Centroamérica, retornos al Banco Central de Nicaragua, la percepción de que la revolución sandinista se desmoronaba; Tito Flores Galindo se lo encontró en una oficina del Banco Continental y en el mejor argumento preguntó «¿y qué haces?». Tras un nada, aquí, recién regresado, le dijo «vente». Manuel Burga, allí presente, dijo, «claro, vente», y así en el segundo semestre de 1987, hasta donde se acuerda, fue a parar a Sur, Casa de Estudios del Socialismo, compartiendo la mesa editorial de Márgenes desde entonces con sus amigos y socios de ruta intelectual.

Hizo un intento tan breve como fallido por armar una consultora en economía internacional. El impulso de 1991 culminó el 5 de abril de 1992. Siendo un estrellado más que una persona con una buena estrella, había escrito un artículo en setiembre de 1991 —que no recordaba— que se llama algo así como «La presidencia del Perú. Entre el ying y el yang» sobre la tentación autoritaria de un nisei que gobierna su país. Para mala suerte, salió en la Feria del Libro de Buenos Aires el 6 de abril de 1992 y fue rebotado por medios de prensa en el mundo como una ayuda a la explicación del golpe del 5 de abril. Partió de su país sin prisa y sin pausa por incomodidades telefónicas entre las dos y cuatro de la mañana y una voz poco amable que sugería que podría morirse. Como no planeaba morirse —sigue sin planearlo— mudose de país. Primero a Costa Rica a hacer un canje de deuda por medio ambiente y luego a Noruega, a la universidad de Bergen.

Cuando estableció la consultora, un amigo poco fiel le dijo «Firma este papel, acá esta el cheque, ahora escribe qué esta pasando». Habíanse caído el muro de Berlín, disuelto la URSS, publicado el Mundo sin Fronteras de Ohmae y el Fin de la Historia de Fukuyama. Pensó, ¿y ahora? Mientras pensaba, cosa que hace a menudo sobre asuntos de los más variados, como por ejemplo, cómo se cocina un jabalí, se dedico en el MHOL a estudiar la conformación de los prejuicios sexuales desde el siglo XVI. Faltaba más. Y leía además sobre economía internacional y no entendía nada. Eso lo llevo a dictar cursos en los años 1991 hasta 1994, en medio mundo, sobre el particular. Estaba preñado de ideas pero no había conclusiones materiales en blanco y negro salvo un texto que se llamó Historia, sexo y cultura que el MHOL publicó en un folleto de amplia divulgación popular, y luego Márgenes en versión seria. Las vueltas de la vida y problemas familiares hicieron que en diciembre de 1995, al regresar de escribir El Falso Dilema en Noruega, decidiera quedarse en el Perú. Ya estaba en el pasaporte número nueve, sin contar los dos de su infancia y adultez temprana perdidos en mudanzas por razones psicoanalíticamente entendibles como «no quiero viajar, no quiero moverme».

Entro a dictar clases a la Universidad Católica, a trabajar como consultor de empresas, y a mudarse de casa a un espacio mayor pues sesenta metros cuadrados eran pocos y los libros y cuadros estaban abarrotando hasta el baño. Pronto tomó conciencia que no podía seguir por ese camino, que sus dudas metafísicas eran mayores y que dios proveerá. Dejo las horribles consultas empresariales. Todos sus clientes quebraban, como lo hacían, felizmente, el resto de las empresas que no asesoraba, así que no adujo a su impericia la causa. Entre el segundo semestre de 1996 y diciembre de 1998 terminó de escribir todos los trabajos que tenía en el tintero desde 1991. Así salieron El Falso Dilema en mayo de 1997, India Bonita (o sobre el amor y otras artes). Ensayos de cultura gay en el Perú, en junio de 1997, La arqueología de la modernidad en diciembre de 1998 y la novela Babilonia la Grande en abril de 1999.

Exhausto regreso a sus habituales labores internacionales y acumuló 128,500 millas en American y afiliadas durante el año hablando en parques y plazas y universidades y municipios y salas de sindicatos e iglesias sobre el viejo tema del orden internacional y la deuda y escribió, a galope, textos diversos. Criticables por rápidos y ahora en proceso de pulimiento para sacar la Historia de la deuda externa en el Perú 1822 a 1997 en sus contextos internacionales de crisis, Una nueva agenda internacional desde América Latina y otra cosa que aún no sabe bien qué es, sobre la arquitectura financiera mundial vista desde América Latina.

Escribe actualmente una novela que se llama preliminarmente El Manicomio Azul, que espera publicar el año 1 sobre 1900. Lo retro lo agarra, como la nostalgia por lo tenido. Casi como el amor. Ha hecho otro montón de cosas que no vienen al caso. Es un dinosaurio y permanece con la convicción de la justicia, y la ira por la injusticia. Los cincuenta años no han modulado esta ira y sigue buscando. Perfectamente consciente de sus limitaciones intelectuales y sociales, dejó la Universidad Católica en diciembre de 1998 y no tiene la menor idea de qué futuro le deparan sus próximos veinticinco años. Le preocupa la felicidad plena e intensa y la libertad de las opresiones materiales y sociales. Lee a Foucault y Savater para esto, trata de mantenerse al día con la literatura latinoamericana hasta donde dan los ingresos y el tiempo, y no es un especialista en género, tampoco es historiador, tampoco economista. Es un inquieto diletante con muchas millas.

Quisiera tener una casita en Pimentel, puerto a unos seiscientos kilómetros al norte de Lima, y dedicarse solo a escribir y cocinar y conversar con sus amigos. No ve televisión sino en hoteles (películas y CNN business report). Escucha boleros, música antigua, jazz, blues, no juega nada, no hace deportes, y tiene nueve kilos de sobrepeso. Y fuma todavía.

Por sus obras lo conoceréis...

Óscar, uno de los autores más prolíficos y relevantes del Perú actual, tiene en su haber los siguientes libros:

Óscar ha publicado múltiples ensayos en Ciberayllu, así como también en las secciones de literatura y comentario.

Noviembre, 1999.